Historias del Bar Sovia. Parte 6. La caricia

Buscaba una caricia, un beso, un abrazo.

Quería sentirse querida. A lo largo de su vida no ha tenido demasiada suerte con sus parejas. Ya sin familia, sin casi amistades, en la última etapa de la vida, se sentía sola.

Envidiaba cuando observaba a parejas besarse, cuando se hacían carantoñas, cuando entrelazaban sus manos. Si le daban a elegir, preferiría ser uno de ellos antes que le tocara la lotería.

Hacía tanto tiempo que su cuerpo no era acariciado, ni que  fuera recorrido de un lado a otro, que le parecía que esa sensación le era ya ajena.

¿Cuánto sería capaz de dar por una caricia?

Echó un vistazo al pasado y se preguntaba si en algún momento no debió optar por haber seguido otro camino. Rememoró sus relaciones, y se echó en cara no haber cometido alguna locura. Se arrepiente más de lo que no ha hecho, que de lo que ha hecho. Se dio cuenta que debió ser más valiente.

Este pensamiento le insufló una inusitada fuerza. Le hizo recordar cuendo era joven, y no la persona mayor en la que se ha convertido.

El camarero se acercó para recoger la cuenta, y cuando echó mano al platillo con el dinero. Ella se atrevió a rozar su mano con la del joven camarero. Era una oportunidad para sentir el calor de otra persona. Ese calor que le hizo recordar que aún estaba viva.

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