Historias del Bar Sovia. 5

Eva leía el libro de turno. Pero su atención se distrajo al fijarse en un hombre que estaba en una de las mesas más lejanas. No era su tipo, ni el Bar Sovia tampoco era un punto de encuentro para encontrar pareja pero irremediablemente se sintió atraída y no dejaba de lanzarle miradas furtivas.

Ya había perdido el hilo de la historia que estaba leyendo, ahora le interesaba lo que estaba unas mesas más allá. Él se dió cuenta que era observado, y entraron en ese pequeño juego que hace que dos personas estén tonteando durante unos minutos. Pero esta vez no quedó en eso, fue distinto. El se acercó, se sentó en su mesa. y tenía nombre : Ramón

No era el tipo de Eva, pero no quería que se fuera. Descubrió que no era el típico pesado, en busca de la presa, por lo que se fue relajando. Se estaba divirtiendo, y hacía tanto que no lo hacía. Eva reía con cada una de las ocurrencias que el estaba contando.

Observaba sus manos, y lo que quería hacer era entrelazarlas con las suyas. Se atusaba el pelo, y ella queria despeinarlo. Se tocaba la oreja, y la única idea era la de mordérsela delicadamente y luego bajar por el cuello dándole besos hasta encontrar partes ocultas.

Eva no se conocía, pero se estaba dejando llevar. Si había una persona en el mundo enteramente feliz, esa era ella. Sin querer sus manos se rozaron, casi llega al éxtasis, su cuerpo bullía. Sólo tenía en la cabeza estar con ese tipo que acabababa de conocer, daba igual que lo había conocido media hora antes, tenía verdaderos deseos de estar con aquel hombre por eso aceptó ir a su casa. Aparte de que Ramón le hizo la proposición de una manera elegante, igualmente la habría aceptado si le hubiera dicho que iban directamente a la cama  sin ningún tipo de excusas.

Cuando entró en su casa, le temblaban las rodillas. Le recordaba aquellos amores adolescentes, aquellas primeras sensaciones que ya se habían quedado en el pasado. Eva, en contra de lo habitual en ella, tomó la iniciativa. Se acercó y le besó con lengua. Un beso potente que no hubiera duda de sus intenciones. Era un punto de partida, en el que sólo sabía el siguiente paso.

Estuvieron haciendo el amor: en el sofá, en la cama …. daba igual dónde fuera. Eva se sentía cómoda con aquel extraño, no se preguntaba por qué…sólo sentía. Se dejo llevar tanto que Ramón le hizo descubrir zonas de su cuerpo que habían estado prohibidas para  sus anteriores parejas estables. Le daba igual, estaba gozando como “un perra”. Hasta esta palabre le chocó a Eva, no entraba dentro de su vocabulario. Se dió cuenta que era capaz de decir palabras que creía groseras pero que en ese momento eran una manera de verbalizar lo que estaba sintiendo.  Era tan potente la comunión entre ambos, que parecía que se conocían de años.

Su cuerpo se derrumbó, no cabía más placer en él. Según se estaba vistiendo, se iba asombrando de lo que había hecho, de lo que ese hombre le había hecho descubrir. Nunca se había comportado de esa manera, nunca se habia dejado llevar por ese impulso. Había aprendido algo nuevo de aquel hombre, y también era consciente que no se volverían a ver. Pero lo que nadie les puede quitar es ese momento que habían compartido.

Eva iba camino a su casa. La ropa arrugada pero la cabeza serena. El cuerpo magullado pero una sonrisa en sus labios. Y pensaba que no hay nada cómo descubrirse a sí misma.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Historias del Bar Sovia, Relatos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s