Historias del Bar Sovia. 4

Mientras Paco apuraba el café, su mente se fue a la noche anterior cuando se cruzaron las miradas de él y Ana, su pareja.

Su cuerpo se estremeció y vibró, era tremendamente hermosa. Y ese cruce de miradas le hizo recordar por qué estaba enamorado de ella. Por desgracia para ambos, su convivencia estaba dando los últimos coletazos, y los dos sabían que lo suyo no iba a durar mucho más. Llevaban un tiempo en que tan siquiera se hablaban, la relación se estaba deteriorando rápidamente, y lo que es peor, sin solución.

Pero aquel cruce de miradas les hizo recordar el amor que se procesaban, y que les hacia depender el uno del otro. Hacia tanto tiempo que no se acariciaban, que no se besaban, que parecia que ese acercamiento era como el primero. Paco se resistía, sabía que aquello había acabado,  que su ración de sufrimiento hacia ya tiempo que la había sobrepasado con creces, y no quería más. Pero seguía estando atraído por ella, lo único que quería en ese momento era besarla, aunque fuera lo último que hiciera en la vida, aunque después tuviera que pasar un tormento. La echaba de menos, era una atracción de la que no parecia resistirse.

Sus bocas se juntaron, sus lenguas buscaban esos recovecos tan conocidos por ambos. Esas caricias que sabía que le gustan. Esas partes del cuerpo que conocían que con un  ligero roce les volvería locos. Aquello no había manera de detenerlo, fueron a la cama, su sitio predilecto. Ni les dió tiempo a encender a luz y siguieron. Quizá fuera el mejor polvo que han echado, como mínimo era de los mejores.

Paco rezumaba placer y pasión, y sabía que ella también pero se estaba dando cuenta que ya no habría más, que este sería el último que echarían, que no habría ninguno más. Es dificil explicar esa mezcla de placer y dolor. También se dió cuenta que ella sentía lo mismo, y aún así seguía, como él.

Mientras hacian el amor, Paco comenzó a llorar, sus ojos se empañaron de lágrimas, la oscuridad ayudaba a no ser descubierto. Apuró ese polvo, lo degustó como ningún otro, segundo a segundo.

Una vez que acabaron, la magia se términó y volvieron a la realidad cotidiana de su relación.  Ana se levantó de la cama. Paco lloró como un niño, en silencio. No entendía cómo podía querer tanto a esa mujer y no podían estar juntos.

Ahora sus lágrimas de nuevo brotaban recordando la noche anterior. Se limpió con un pañuelo para que las personas que tenía alrededor no fueron testigos de su dolor.

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4 comentarios

Archivado bajo Historias del Bar Sovia

4 Respuestas a “Historias del Bar Sovia. 4

  1. Muy bueno Juanjo, me ha gustado, como las otras publicaciones.

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  2. Marta

    Juanjo que bueno. Es lo primero que he leído de lo que has escrito. Sigue así.

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